Mi experiencia en este establecimiento…
Mi experiencia en este establecimiento (Marco Aldany de la calle Ibiza, 12, en Madrid) ha sido muy mala, tanto por el resultado del servicio como por la forma en la que se gestionó posteriormente mi queja.
Antes de empezar expliqué claramente que quería un rubio oscuro ceniza y que mi cabello tiende a sacar reflejos anaranjados/cobrizos, por lo que quería evitar expresamente ese resultado.
El resultado fue justamente el contrario: la raíz quedó con un reflejo rojizo/anaranjado, mientras que el resto del cabello quedó más oscuro y con un tono diferente. Hay una diferencia de tonalidad claramente visible.
Cuando manifesté mi disconformidad, el peluquero no reconoció en ningún momento el problema. Se limitó a decirme que era cuestión de la luz, de mi percepción y que tenía que acostumbrarme al color. La situación llegó a ser especialmente incómoda porque, pese a que le indiqué expresamente que no quería seguir hablando con él, volvió a acercarse y empezó a tocarme la cabeza, algo que me resultó invasivo e inapropiado.
Posteriormente intenté hablar con la coordinadora del establecimiento para buscar una solución. Su actitud me pareció igualmente totalmente inaceptable. Estando dentro de la propia peluquería, no quiso salir a dar la cara ni atenderme personalmente, y finalmente no me ofreció ninguna solución adecuada. La única propuesta fue realizar un baño de color para tapar/oscurecer el resultado, dejando a mi cargo cualquier actuación posterior que pudiera necesitar para conseguir el color que había solicitado inicialmente.
No considero aceptable que simplemente se oscurezca el cabello para disimular un problema y que después sea la clienta quien tenga que pagar para recuperar el color solicitado. Yo no pedí un baño de color para tapar el resultado; pedí un rubio oscuro ceniza y expliqué expresamente qué reflejo quería evitar.
Además, se me había informado previamente de un precio de 39 € y finalmente me cobraron 44 €.
Me parece especialmente vergonzoso que se trate de esta manera a una clienta que lleva más de quince años confiando en este establecimiento. Después de tantos años, considero todavía más decepcionante la falta de empatía, el hecho de que nadie reconociera el problema y la ausencia de voluntad por parte de la dirección para ofrecer una solución.
He decidido formalizar la correspondiente reclamación porque considero que la responsabilidad de corregir un resultado que no se corresponde con lo solicitado no debería trasladarse al cliente.
Una experiencia muy decepcionante tanto por el servicio como, especialmente, por la actitud y la gestión de la queja. No volveré a este establecimiento.





